Noche de violin...
Shadow Time :: SUR :: El Parque de Gorki
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Re: Noche de violin...
-Usted preguntó, yo respondí. -hizo una pequeña pausa, inspirando aquel invernal aire.- No me avergüenzo de lo que soy... Pero no se disculpe. Al fin y al cabo ese es mi trabajo ... ¿no? Seducir. Aunque en mis manos no esté controlar el resultado. -No al menos en su caso. Suspiró, con la sensación de estar convenciéndose a si mismo. -
La rapidez con la cual cambiaba su estado de animo, le recordó que el ser que tenía a su lado, también era humano. Y por lo visto alguien respetado en la sociedad. Era normal... sentir pánico ante él, o lo que pudiera causar. Ni que fuera un monstruo.
Aún así había muchos heterosexuales que acababan en sus redes... poseyéndolo hasta el cansancio, disfrutando del pecado... Al amanecer, nerviosos y avergonzados, le pagaban y huían de la habitación que había presenciado tal acto de locura. Sí, quizás sí fuera un monstruo. El demonio del placer prohibido. ¡Ja! Eso sonaba irónico. Pero eso no le había importado jamás, ni lo hacia ahora.
Se había acercado a él, sin ninguna clase de intención. Fascinado por la melodía. Luego le entró la curiosidad. Simple curiosidad. Y ahí estaba su pecado, su error. La incapacidad de descifrar su interior, lo había seducido... y ese toque... Su piel era la invitación para el pecado, así como lo era él para muchos. Y sabía lo que tenía que hacer. Huir. Lejos. Y cerrar la mente a cualquier pensamiento sobre él. Enterar esa curiosidad que aún perduraba, y encontrar algunas frías caricias que le hicieran olvidar, aunque fuese sólo por ese día. “Ni siquiera necesitas el cartel de “se vende”, Chris. ¡¡Naciste para ser exclusivamente un prostituto!!” Lo sé, lo sé. No hieras más...
Se giró hacia él, deshaciendo su coleta, dejando caer su cabello por sus hombros y espalda, siempre lucía más apetitoso así. Le sonrió cortésmente, lejos de mostrarle sus anteriores sonrisas y se dispuso a despedirse cordialmente, esta vez reteniendo sus congeladas manos en los bolsillos.-Le agradezco su compañía. Disfrute de la velada. Buenas noches. -
No había encontrado otra forma de disipar su propia confusión, que nuevamente planeaba surcar por los mares de su mente. Quizás había sido frío y rudo, pero supuso que el hombre lo olvidaría fácilmente. Como a él. En cuanto éste respondiera, daría la vuelta, y se iría de ahí con toda la dignidad que presumía, huyendo lejos. Pronto encontraría alguien dispuesto a saborearle, pagarle y volver a lanzarlo como un juguete. O podía simplemente relajarse en su casa, dentro de las calientes aguas de su bañera...
La rapidez con la cual cambiaba su estado de animo, le recordó que el ser que tenía a su lado, también era humano. Y por lo visto alguien respetado en la sociedad. Era normal... sentir pánico ante él, o lo que pudiera causar. Ni que fuera un monstruo.
Aún así había muchos heterosexuales que acababan en sus redes... poseyéndolo hasta el cansancio, disfrutando del pecado... Al amanecer, nerviosos y avergonzados, le pagaban y huían de la habitación que había presenciado tal acto de locura. Sí, quizás sí fuera un monstruo. El demonio del placer prohibido. ¡Ja! Eso sonaba irónico. Pero eso no le había importado jamás, ni lo hacia ahora.
Se había acercado a él, sin ninguna clase de intención. Fascinado por la melodía. Luego le entró la curiosidad. Simple curiosidad. Y ahí estaba su pecado, su error. La incapacidad de descifrar su interior, lo había seducido... y ese toque... Su piel era la invitación para el pecado, así como lo era él para muchos. Y sabía lo que tenía que hacer. Huir. Lejos. Y cerrar la mente a cualquier pensamiento sobre él. Enterar esa curiosidad que aún perduraba, y encontrar algunas frías caricias que le hicieran olvidar, aunque fuese sólo por ese día. “Ni siquiera necesitas el cartel de “se vende”, Chris. ¡¡Naciste para ser exclusivamente un prostituto!!” Lo sé, lo sé. No hieras más...
Se giró hacia él, deshaciendo su coleta, dejando caer su cabello por sus hombros y espalda, siempre lucía más apetitoso así. Le sonrió cortésmente, lejos de mostrarle sus anteriores sonrisas y se dispuso a despedirse cordialmente, esta vez reteniendo sus congeladas manos en los bolsillos.-Le agradezco su compañía. Disfrute de la velada. Buenas noches. -
No había encontrado otra forma de disipar su propia confusión, que nuevamente planeaba surcar por los mares de su mente. Quizás había sido frío y rudo, pero supuso que el hombre lo olvidaría fácilmente. Como a él. En cuanto éste respondiera, daría la vuelta, y se iría de ahí con toda la dignidad que presumía, huyendo lejos. Pronto encontraría alguien dispuesto a saborearle, pagarle y volver a lanzarlo como un juguete. O podía simplemente relajarse en su casa, dentro de las calientes aguas de su bañera...
Christopher- Prostituto

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Re: Noche de violin...
Le tomó por sorpresa la despedida, se vio en su rostro, se sintió preguntar en silencio ¿Ya te marchas? Pero, por supuesto, claro… No tenía porque estar allí más.
De humano, es tan carnal como cualquiera… y que apreciaba las cosas hermosas, y que tenía su orgullo, su amor propio. También sensible como cualquier otro y ocupado…Por supuesto que se marcharía, era su error no comprenderlo. Pensar en detenerlo, ¡que absurdo!, el confundido y desastroso era su propia persona. Retener a alguien más, por poco, mínimo que fuese…que cosa cruel, no se repetiría.
Claro, lo más importante, él no le necesitaba. Amenaza y tentación juntas en sus ojos brillaban…
- Recuerda ponerte guantes.- Dijo con una débil sonrisa al pecado mismo. -…ve con cuidado.- No fue al azar, palabras vanas o inutiles. Pero resultaba tan opuesto y contradictorio, parecia no ser lo justo, lo que deberia decirse, tu no le hablarias asi a la serpiente.
Hoy todo terminaría peor que como comenzó, la noche larga y vacía, más perdida que antes, tornándose pesada, difícil de cargar, todo ello sobre si.
De humano, es tan carnal como cualquiera… y que apreciaba las cosas hermosas, y que tenía su orgullo, su amor propio. También sensible como cualquier otro y ocupado…Por supuesto que se marcharía, era su error no comprenderlo. Pensar en detenerlo, ¡que absurdo!, el confundido y desastroso era su propia persona. Retener a alguien más, por poco, mínimo que fuese…que cosa cruel, no se repetiría.
Claro, lo más importante, él no le necesitaba. Amenaza y tentación juntas en sus ojos brillaban…
- Recuerda ponerte guantes.- Dijo con una débil sonrisa al pecado mismo. -…ve con cuidado.- No fue al azar, palabras vanas o inutiles. Pero resultaba tan opuesto y contradictorio, parecia no ser lo justo, lo que deberia decirse, tu no le hablarias asi a la serpiente.
Hoy todo terminaría peor que como comenzó, la noche larga y vacía, más perdida que antes, tornándose pesada, difícil de cargar, todo ello sobre si.
Dietrich- P e o p l e

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Re: Noche de violin...
¿No vas a detenerme? No, por supuesto que no. ¿Por qué ibas a hacer tal cosa? Le miró expectante. Suplicante para que le parase, y a la vez, que no lo hiciese. Tragó con un sentimiento insatisfecho incrustado en el pecho. Algunas súplicas habían sido desterradas y ahora gritaban con fuerza en sus oídos. Pero no eran escuchadas por ninguno de los dos. Insensato... insignificante.
Se dio la vuelta, acallando voces. Actuando con indiferencia cuando por dentro, se estaba convirtiendo en una masa inservible, y débil.
Era tanta la necesidad de que le retuviese, de sostenerlo en sus brazos. De poder darle su maltratado y marchitado cuerpo, aunque fuese sólo por una noche... Dedicarle caricias, recibir las suyas... Aún si al amanecer le gritaba que todo eso había sido un error. Cuanto anhelo, cuanta presión en su pecho y desosiego. ¡Ayúdame! No me dejes ir...
Encaró de nuevo a Dietrich, con decisión.
-Discúlpame. -susurró tan quedamente, que dudó que el otro hombre pudiese llegar a oirlo.
Se acercó a él, y acarició con sus dedos su mejilla, sus pómulos, delicadamente, bajó por su cuello, subió hacia su nuca. Sus dedos se enredaron el pelo, murmuró otro “lo siento” antes que sus labios se posaran sobre los del otro. Suaves y temerosos. Acariciando a los del hombre levemente, como el viento los acariciaba a ellos, llevándose sus sabor, su tacto... Sólo fueron unos segundos robados. Pero bastó, para llevarse su recuerdo con él.
Se separó con el corazón en la garganta. -Lo siento. -esta vez más decididamente. Aunque estuviera lejos de sentirlo. Sus labios habían sido la cosa más maravillosa que jamás hubiese probado. Le lanzó otra mirada, con sus ojos rebelando todas esas emociones que se arremolinaban en su interior, despidiéndose en silencio.
No pudo esperar más, no tuvo el valor de hacerlo. No quería llevarse consigo la mirada de desprecio del hombre.
Se puso en marcha, con paso rápido y la intención de desaparecer lo más pronto posible de su vista.
Se dio la vuelta, acallando voces. Actuando con indiferencia cuando por dentro, se estaba convirtiendo en una masa inservible, y débil.
Era tanta la necesidad de que le retuviese, de sostenerlo en sus brazos. De poder darle su maltratado y marchitado cuerpo, aunque fuese sólo por una noche... Dedicarle caricias, recibir las suyas... Aún si al amanecer le gritaba que todo eso había sido un error. Cuanto anhelo, cuanta presión en su pecho y desosiego. ¡Ayúdame! No me dejes ir...
Encaró de nuevo a Dietrich, con decisión.
-Discúlpame. -susurró tan quedamente, que dudó que el otro hombre pudiese llegar a oirlo.
Se acercó a él, y acarició con sus dedos su mejilla, sus pómulos, delicadamente, bajó por su cuello, subió hacia su nuca. Sus dedos se enredaron el pelo, murmuró otro “lo siento” antes que sus labios se posaran sobre los del otro. Suaves y temerosos. Acariciando a los del hombre levemente, como el viento los acariciaba a ellos, llevándose sus sabor, su tacto... Sólo fueron unos segundos robados. Pero bastó, para llevarse su recuerdo con él.
Se separó con el corazón en la garganta. -Lo siento. -esta vez más decididamente. Aunque estuviera lejos de sentirlo. Sus labios habían sido la cosa más maravillosa que jamás hubiese probado. Le lanzó otra mirada, con sus ojos rebelando todas esas emociones que se arremolinaban en su interior, despidiéndose en silencio.
No pudo esperar más, no tuvo el valor de hacerlo. No quería llevarse consigo la mirada de desprecio del hombre.
Se puso en marcha, con paso rápido y la intención de desaparecer lo más pronto posible de su vista.
Christopher- Prostituto

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Re: Noche de violin...
Su corazón dio un brinco al sentir su roce, dejó caer el cigarrillo al piso, que murió allí olvidado.
Todo se traspasó a una mortífera cámara lenta entonces, el toque así de irreal, le producía escalofríos, de pronto sonrojándose mentalmente, pensando que prohibido realmente le encendía, quiso huir con algo de miedo. Aún así él no podría moverse, reaccionar no le era posibilidad, quería entregarse un poco a tal suave expresión, pensando en volverse domado y acercar su cuerpo para recibir más caricias, rendir su rostro al adictivo contacto… Mojó sus labios al oírle, sus disculpas arrullaron sus oídos, sus sentidos temblaron frenéticos y sus parpados cubrieron su vista no sabe si en disfrute o en vergüenza. Su cuerpo se estremeció, atrapado con su pecho enardecido, atrapado con gusto, una atenta mano allí en su nuca y unos tramposos labios sobre los suyos. Delicioso.
Fue liberado e infantil llevaría sus dedos hasta sus labios, o cruel, se limpiaría para borrarlo todo pronto, con repugnancia. Solo le observó marcharse.
Apresurado, debía tomar una decisión, ajustar el si y el no, pronto. -…quiero volverte a ver.- Pronuncio con la mirada gacha, evitando la del otro que parecía tener tanto dominio sobre su cuerpo, tanto control como para afectarle la mente. Tenía que pensarlo…pero también debía asegurarse de encontrarle una vez más, solo por si acaso....
Todo se traspasó a una mortífera cámara lenta entonces, el toque así de irreal, le producía escalofríos, de pronto sonrojándose mentalmente, pensando que prohibido realmente le encendía, quiso huir con algo de miedo. Aún así él no podría moverse, reaccionar no le era posibilidad, quería entregarse un poco a tal suave expresión, pensando en volverse domado y acercar su cuerpo para recibir más caricias, rendir su rostro al adictivo contacto… Mojó sus labios al oírle, sus disculpas arrullaron sus oídos, sus sentidos temblaron frenéticos y sus parpados cubrieron su vista no sabe si en disfrute o en vergüenza. Su cuerpo se estremeció, atrapado con su pecho enardecido, atrapado con gusto, una atenta mano allí en su nuca y unos tramposos labios sobre los suyos. Delicioso.
Fue liberado e infantil llevaría sus dedos hasta sus labios, o cruel, se limpiaría para borrarlo todo pronto, con repugnancia. Solo le observó marcharse.
Apresurado, debía tomar una decisión, ajustar el si y el no, pronto. -…quiero volverte a ver.- Pronuncio con la mirada gacha, evitando la del otro que parecía tener tanto dominio sobre su cuerpo, tanto control como para afectarle la mente. Tenía que pensarlo…pero también debía asegurarse de encontrarle una vez más, solo por si acaso....
Dietrich- P e o p l e

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Re: Noche de violin...
-¿En verdad? -Se había detenido al oírle, pero carecía de fuerzas para encarar a aquel hombre. Frío, distante e hiriente. ¿Qué más había de entregar al infierno? ¿Qué más reclamaban de él? Ya lo había entregado todo, su alma, su cuerpo, absolutamente todo... ¿qué es lo que faltaba entonces? ¿Su escasas libertad y tranquilidad?
El viento helado le dio en la cara, despertándole de su letargo. El calor había desaparecido de su cuerpo por completo, ahora el frío era una agradable caricia.
Ellos formaban parte de algo fuera de su capacidad de comprensión y dominio. No le quedaba, pues, sino que actuar por instinto. Aún si eso significaba caer, para volverse a levantar. Sólo que esta vez, valdría la pena el esfuerzo. Así lo haría. Jugaría a ese cruel juego.
Extrajo del bolsillo, el eterno trozo de papel que reposaba ahí, junto con el bolígrafo. Garabateó la dirección de su casa, y su teléfono con rapidez, añadiendo su nombre con su inmaculada caligrafía. Le dio un vistazo, asegurándose que eran los correctos, y recorrió la distancia que volvía a separarlos. Extendió el papelito, con una extravagante paz interior, sabiendo que él había hecho cuanto había estado en su mano. Si el destino, o ese hombre, quería de nuevo acercásele, conociendo esta vez, los peligros que representaba... El estaría ahí. Esperando. Abierto a sugerencias.
-La dirección de mi casa, y mi teléfono. Cuando quieras verme... Sólo ven. -Le sonrió con cierta calidez. Sus ojos se posaron de nuevo sobre esos labios. Los acarició con la mirada. Imaginando y deseando con fervor. Avergonzado de los pecaminosos pensamientos, sobre ellos, desvió la mirada hacia sus ojos.
El viento helado le dio en la cara, despertándole de su letargo. El calor había desaparecido de su cuerpo por completo, ahora el frío era una agradable caricia.
Ellos formaban parte de algo fuera de su capacidad de comprensión y dominio. No le quedaba, pues, sino que actuar por instinto. Aún si eso significaba caer, para volverse a levantar. Sólo que esta vez, valdría la pena el esfuerzo. Así lo haría. Jugaría a ese cruel juego.
Extrajo del bolsillo, el eterno trozo de papel que reposaba ahí, junto con el bolígrafo. Garabateó la dirección de su casa, y su teléfono con rapidez, añadiendo su nombre con su inmaculada caligrafía. Le dio un vistazo, asegurándose que eran los correctos, y recorrió la distancia que volvía a separarlos. Extendió el papelito, con una extravagante paz interior, sabiendo que él había hecho cuanto había estado en su mano. Si el destino, o ese hombre, quería de nuevo acercásele, conociendo esta vez, los peligros que representaba... El estaría ahí. Esperando. Abierto a sugerencias.
-La dirección de mi casa, y mi teléfono. Cuando quieras verme... Sólo ven. -Le sonrió con cierta calidez. Sus ojos se posaron de nuevo sobre esos labios. Los acarició con la mirada. Imaginando y deseando con fervor. Avergonzado de los pecaminosos pensamientos, sobre ellos, desvió la mirada hacia sus ojos.
Christopher- Prostituto

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Re: Noche de violin...
Se posó frente suyo y aún así no pudo devolverle la mirada. La situación le era tan extraña… ¿Cuántas veces había despreciado en silencio, parsimonia por fuera a aquellos pacientes que resultaban ser homosexuales? Que contaban acerca de sus deseos y fantasías, detalles que en verdad prefería ignorar... Fingir que no tenía problema con ello era su trabajo entonces, podía aceptar esa condición del otro, su paciente, para aliviar los problemas ajenos. Pero, ¿reconocerlo como su propia realidad?
Tomó el pequeño trozo de papel y le echó un vistazo. Hermosa caligrafía, continua y elegante cursiva, el papel lo guardó en el bolsillo de su sobretodo.
Observó la sincera sonrisa luego, que liberó a la situación de los calificativos degenerado, desmoralizado…. Nuevamente se camuflaba y se mimetizaba con las cosas buenas de la vida, esta persona que tenia junto.
Quiso sonreír pero solo permaneció serio e inmóvil, su mente le aclaró que era hora de marcharse finalmente, ya no deseaba más que regresar a casa, luego podría salir a jugar. Si tanto le carcomía la necesidad de hacerlo, si acaso este deseo persistía, se aseguraría de acallarlo todo, no moriría en sus propias manos…
Tomó el pequeño trozo de papel y le echó un vistazo. Hermosa caligrafía, continua y elegante cursiva, el papel lo guardó en el bolsillo de su sobretodo.
Observó la sincera sonrisa luego, que liberó a la situación de los calificativos degenerado, desmoralizado…. Nuevamente se camuflaba y se mimetizaba con las cosas buenas de la vida, esta persona que tenia junto.
Quiso sonreír pero solo permaneció serio e inmóvil, su mente le aclaró que era hora de marcharse finalmente, ya no deseaba más que regresar a casa, luego podría salir a jugar. Si tanto le carcomía la necesidad de hacerlo, si acaso este deseo persistía, se aseguraría de acallarlo todo, no moriría en sus propias manos…
Dietrich- P e o p l e

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Re: Noche de violin...
No le devolvió la mirada. Y no quiso saber el porqué. Suspiró, cansado de ese juego, que, intuía estaba llegando a su fin. El otro no lo había detenido, ni lo haría. Quizás y jamás lo volviese a ver. Ni que hablar de gozar de su toque. Generoso en abundancia de placer. Deseable y prohibido. ¡Qué juego más absurdo el suyo!
-Dejarse llevar, de vez en cuanto, es la mejor solución. Retener es dolor. -bajo, como si en realidad, le costase pronunciar aquellas palabras, queriendo retenerlas dentro, porqué significaba... tentación, vulnerabilidad, falsa esperanza... De que él reaccionara.
Hizo acopio de silencio. En realidad no tenía nada más que decirle. -Buenas noches.- Se despidió con educación, inclinando la cabeza en señal de respeto. No esperó más. Retomó el camino de vuelta. Esta vez sin pensar en detenerse, sabiendo que el hombre no lo detendría.
En su interior, esa chispa soterrada bajo palabras, resaba para que Dietrich lo buscara algún día. Lloraba por ello.
-Dejarse llevar, de vez en cuanto, es la mejor solución. Retener es dolor. -bajo, como si en realidad, le costase pronunciar aquellas palabras, queriendo retenerlas dentro, porqué significaba... tentación, vulnerabilidad, falsa esperanza... De que él reaccionara.
Hizo acopio de silencio. En realidad no tenía nada más que decirle. -Buenas noches.- Se despidió con educación, inclinando la cabeza en señal de respeto. No esperó más. Retomó el camino de vuelta. Esta vez sin pensar en detenerse, sabiendo que el hombre no lo detendría.
En su interior, esa chispa soterrada bajo palabras, resaba para que Dietrich lo buscara algún día. Lloraba por ello.
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